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EL SABIO, EL SUFÍ Y EL PERRO
En el fondo de esta historia hay una pregunta crucial: ¿nos podemos fiar de los demás?. ¿Son realmente lo que aparentan?. A menudo las religiones confunden el amor al prójimo con la confianza ilimitada a todo ser viviente. 'Too er mundo es güeno!'. Lo contrario tampoco es cierto. ¿Conviene pues una cierta desconfianza?. Mi maestro decía que podemos confiar en todo el mundo hasta que no nos demuestre lo contrario. Y también recuerdo que siempre solía repetir estas palabras: 'El amor no es ciego'. Y respecto a ello conozco una historia (no es 'sufí' pero merecería serlo) que muy bien podría mostrarnos la necesaria capacidad de saber dejarnos tomar el pelo con cierta complacencia. En cierta ocasión se paseaban un maestro y su discípulo por la calle principal del mercado y vieron un ciego que pedía limosna. Entonces el maestro dijo: 'Vamos a darle una limosna'. el discípulo depositó una moneda en el platillo del ciego y continuaron el camino. Al cabo de un rato le dijo el maestro al discípulo: 'Tendrías que haberte quitado el sombrero como muestra de respeto'. A lo que el discípulo algo asombrado respondió: '¿Por qué si es ciego?'. 'Hombre - dijo el maestro- es lo correcto cuando se da una limosna'. 'Bueno pero el mendigo es ciego - volvió a replicar el discípulo'. 'Nunca se sabe - concluió el maestro- podría no serlo'. Un sufí, vestido con su túnica de lana burda, pasaba por una calle. Golpeó a un perro con su bastón y le rompió una pata. El perro salió aullando y fue a acurrucarse a los pies del sabio Abu Saíd pidiendo que se le hiciera justicia. El Sabio le dijo al sufí: "¿Cómo te has permitido hacer tanto daño a este pobre ser?". El sufí respondió: "¡Oh Sabio, ha sido culpa del perro, y no mía! Si le he pegado es porque me había manchado la ropa!". Pero el perro seguía gimiendo cada vez más. Le dijo el Sabio: "¿Qué puede darte en compensación para calmar tu dolor? Si no quieres que yo asuma la culpa de ese sufí, lo haré castigar para hacerte justicia". Respondió el perro: "Oh Sabio sin igual, cuando he visto que ese hombre llevaba el hábito de los sufíes, he tenido confianza en él. Nunca hubiera imaginado que pudiera hacerme daño. Si no hubiese llevado esa túnica, lo habría evitado. Ese ha sido mi error. Si quieres castigarlo, quítale esa ropa reservada a los justos para que nadie más se engañe con su apariencia".

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