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LOS GOBIERNOS LAICOS EN EL SIGLO XX



Arturo Alessandri Palma
Carlos Ibáñez del Campo
Pedro Aguirre Cerda
Juan Antonio Ríos Morales
Gabriel González Videla
Salvador Allende Gossens


Arturo Alessandri, sus entrevistas con Pío XI, el Cardenal Gasparri y la dictación de una nueva Constitución. 1925. Cita textual de Alessandri en "La Masonería y su influencia en Chile", de Fernando Pinto Lagarrigue.
"...Al reformar la Constitución, a mi juicio, era indispensable, ante todo, dar la libertad de conciencia mediante la separación de la Iglesia del Estado y la absoluta libertad de cultos para terminar con la laicización de las instituciones del país; ya que teníamos cementerio laico, matrimonio y registro civil. Faltaba la absoluta y sincera libertad de conciencia y cultos, la precedencia del matrimonio civil al religioso y la ley de divorcio".
"Comprendía perfectamente que sería una reforma resistida y pensé arreglarla directamente con las autoridades del Vaticano. Obtuve una audiencia del Santo Padre, que en aquellos años era Pío XI, a quien le expuse el problema. Se manifestó de acuerdo con mi idea y me dijo que debería entenderme con el Cardenal Secretario de Estado, Monseñor Gasparri".
"Sostuvimos con Su Eminencia una prolongada reunión en casa de Ramón Subercaseux, Embajador de Chile en Roma. Le expuse con toda claridad y franqueza mi situación, más o menos en los siguientes términos:
"Eminencia, he sido llamado por mis conciudadanos para que continúe administrando en mi carácter de Presidente de la República. Para desempeñar mi tarea necesito reformar la Constitución Política vigente, a fin de suprimir todas las causas que motivaron la revolución y cuyas aspiraciones e ideales tengo que satisfacer. En mi país las luchas religiosas han enardecido los espíritus en otras épocas y han llegado a producirse perturbaciones de importancia. A los muchos problemas que se me presentan no quiero agregar el que sería más grave de todos, el problema religioso, que podría producir hondas perturbaciones como ha sucedido en otras oportunidades. Resultaría perjudicado el país y, más que nadie, la Iglesia. Estas consideraciones me obligan, en todo caso, a llevar adelante la reforma; pero, en resguardo de la tranquilidad y de los intereses del país, yo quiero encontrar la solución de este grave problema de acuerdo y en armonía con la Iglesia, armonía que me sería imposible conseguir entre los hombres religiosos de Chile, y es por eso que he recurrido al Santo Padre".
"Su Eminencia me miraba fijamente, seguía mis palabras con mucha atención, y, una vez que hube terminado, me dijo:
Excelencia, en el Vaticano existen los peores informes que Ud., pueda imaginarse sobre su persona".
"- No me extraña, hay tantos tontos en mi país, le interrumpí".
"- Vea, Presidente, dentro de mi religión y de mi dogma yo rechazo y no puedo aceptar la separación de la Iglesia del Estado; pero, como Ud., me afirma que es un hecho y que está resuelto a llevar adelante esa reforma en todo caso, no dispongo yo de ningún medio para impedirlo. Tengo que resignarme, limitándome a decirle que si Ud., hace la separación en las mismas condiciones como se hizo en Brasil, yo le agradeceré mucho y también se lo agradecerá la Iglesia".
"Me puse de pie, le estreché la mano y le dije:
"- Convenido, Eminencia. Conozco la situación del Brasil por haberla estudiado mediante una larga correspondencia sostenida al respecto con nuestro Embajador en aquel país, Miguel Cruchaga. Trabajaré para que la separación se haga sobre la base a que su Eminencia se ha referido".
"...Eminencia, le dije a continuación, le reitero que mi propósito es alcanzar la solución del problema sin disturbios, ni agitaciones y sin movimientos que puedan ir a perturbar el orden público. Temo, le dije, que intereses políticos muy fuertes intervengan y se produzcan exigencias alrededor del Nuncio Apostólico de Chile como ha ocurrido en otras ocasiones. Como Ud., sabe, cuando se discutió el Código Penal en mi país y se había suprimido en el proyecto el fuero de los eclesiásticos, para que fueran juzgados por los Tribunales Civiles en caso de delito, se aceptó el predicamento por un Concordato con Antonelli, Secretario de Estado del Papa Pío IX. A pesar de esto, se juntaron el Arzobispo de Santiago, el Obispo de La Serena y el de Concepción y lanzaron excomunión contra el Presidente de la República y sus ministros, contra los Senadores y Diputados que votaron la Ley y contra los magistrados que, a través del tiempo, la aplicaren".
"El Cardenal no quería creerme que esto fuera efectivo y ante mi insistencia que podría probarle mi aserto, hubo de decirme:
--No sigamos discutiendo; en este caso, si ocurre lo que Ud., me dice, los excomulgados serán ellos y no usted".




A modo de introducción
En el título de esta conferencia se identifica bajo el concepto laico a los gobiernos de la República ejercidos por miembros de la Orden Masónica que alcanzaron el honor de la Presidencia de la República en el transcurso del siglo XX.
Distingue a la sociedad chilena una explicable adscripción a una postura conservadora, vinculada a una visión eclesial de la vida. No por nada los descubridores y conquistadores de América, consolidaron su gesta en nombre de la cruz y de la espada.
La propia lucha libertaria de los países del Nuevo Mundo, encontró en la jerarquía religiosa un poderoso adversario, desde los elevados cargos de la curia hasta los modestos servidores parroquiales. Los anhelos de independencia atentaban los intereses de un clero militante subordinado al poder de la corona. Las excepciones fueron pocas, pero de extraordinario valor. Enraizada la vida en las normativas rígidas de una iglesia que dominó sin contrapeso el nacer de nuestras repúblicas, el desarrollo político, social, económico, intelectual, estuvo condicionado por la severa vigilia eclesiástica, que regulaba sin restricciones todas las actividades ciudadanas. Es conveniente recordar que en la Constitución Política de 1833, en su Art. 5º se establecía que la religión de la República "es la católica, apostólica, romana con exclusión de cualquier otra". En este ambiente adverso a las ideas liberales, a fines del siglo XIX el Gobierno de Domingo Santa María, con una importante mayoría política de liberales y radicales en el Congreso, aprobó leyes que fueron determinantes en la limitación de los poderes omnímodos de la Iglesia, aun cuando no logró obtener la separación de la Iglesia del Estado. Las leyes de laicización determinaron un nuevo modus vivendi entre el Estado y la Iglesia, que naturalmente generó fuertes fricciones entre los sectores católicos recalcitrantes y el Gobierno. En 1883, se aprobó la ley de cementerios laicos, poniendo fin a una odiosa discriminación de la curia, con aquellos fallecidos, a su juicio, indignos de sepultura eclesiástica. Posteriormente, en 1884 se dicta la ley de matrimonio civil, que relegó en sus efectos civiles el matrimonio religioso, fijando nuevas normativas jurídicas a la unión de las parejas, que mantiene su plena vigencia en estos días. Ese mismo año, se estimó necesario consolidar las leyes anteriores con la creación del Servicio de Registro Civil, atendido por funcionarios de gobierno, en lo que se conoce como Ley de Registro Civil, con las funciones de todos conocidas en nuestros días, que permitió en aquella época que el acto de constituir una familia quedara bajo la tutela del Estado, que la extensión de la misma quedara registrada en los archivos familiares y también la constancia de los decesos y la emisión de los certificados correspondientes para todos los efectos legales.
En la obra "Catolicismo y Laicismo", en la que intervienen diversos historiadores, en el título El pensamiento de la iglesia frente a la laicización del estado en Chile (1875-1885), del historiador Ricardo Krebs, se hace una descripción de la situación de la iglesia en el mundo moderno, se analizan aquellos aspectos que afectan a la integridad de la Iglesia Católica y se señala expresamente que los principales enemigos de la Iglesia Católica son el liberalismo y la masonería y se explicita: "Las autoridades eclesiásticas condenaron con igual rigor el liberalismo y la francmasonería. Mas, en el plano personal y en la práctica trataron con benevolencia y comprensión a los liberales, mientras que no conocieron perdón con respecto a los miembros de las logias. La masonería fue considerada como enemigo mortal frente al cual no cabía ninguna concesión: "esta última herejía que encierra los errores de todas las otras i acrecienta en gran manera su poder; esta secta que declara abiertamente la guerra a Jesucristo i se propone atrevidamente por fin el aniquilamiento de su reino; esta armada de Satanás como jefe será el anticristo".
El rencor que se tenía a nuestra Augusta Orden, en aquellos años, queda de manifiesto en la respuesta que el Arzobispo de Santiago dio a una consulta del Gobernador Eclesiástico de Valparaíso al comunicarle que "para absolver a un masón que hubiese pertenecido públicamente a la masonería, no bastaba con que éste dijese bajo el sigilo de la confesión que se retiraba de la logia. De acuerdo con la Bula "Apostolicae Sedia" el confesor debía declarar "incapaces de absolución a los que han dado público escándalo i no dan pública satisfacción".
Esta información es suficientemente elocuente para definir el grado de polarización religiosa en los años finiseculares del siglo XIX. En el transcurso del siglo XX, miembros activos de la Masonería alcanzaron el privilegio de la primera magistratura del país. En el transcurso de sus respectivos mandatos se les reconoce su capacidad de ilustrados conductores del país, que como toda democracia, ha debido enfrentar los imprevisibles vaivenes de la política, con desgarradoras consecuencias en algunos casos. .



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VISIÓN SINÓPTICA DE ILUSTRES HERMANOS PRESIDENTES DE LOS GOBIERNOS LAICOS DEL SIGLO XX
Solamente algunos breves trazos de los gobernantes, por respeto a la distinguida e ilustrada audiencia y el razonado tiempo de esta exposición.


ARTURO ALESSANDRI PALMA.- (1868-1950)
Presidencias 1920-1925 y 1932-1938
Arturo Alessandri Polémica figura de la política nacional, protagonista indiscutido desde su aparición en el escenario público, tuvo sectores que admiraron sin reservas su gestión y también apasionados detractores que lo denostaron de por vida. No podía ser de otra manera, hombre de extraordinaria preparación civilista, orador fogoso, instantáneo, recreador de la política nacional, en sus dos presidencias, y en la conducción del Senado de la República se distinguió por la sagacidad para conducir la siempre variable vida política del país, a pesar de los malhadados adjetivos del señor Jocelyn-Holt. Linarense, nació el 20 de diciembre de 1868 y falleció en Santiago el 24 de agosto de 1950. Abogado por la Universidad de Chile, fue liberal. Diputado, varias veces ministro en diferentes gobiernos, senador y estuvo frente a la conducción del país por dos veces, en el período 1920 a 1925 y 1932 a 1938. Impulsor de numerosas leyes para regular la economía, como la fundación del Banco Central y de aquellas de proyección social, singularizaron su gestión que no estuvo exenta de circunstancias especiales, como su dimisión el año 1924, para viajar a Europa por un período de seis meses. Como la Iglesia Católica no cejaba en sus propósitos hegemónicos logrando mantener inalterable su situación de privilegio ante la ley, el Presidente Alessandri aprovechando su presencia en Europa realizó una visita al Vaticano para dar a conocer sus puntos de vista que lo impulsaban a presentar en el Parlamento nacional una ley que hiciera posible materializar una sentida aspiración de sectores progresistas del país, respecto de la separación de la Iglesia del Estado. Esta ley fue promulgada en 1925 y es un hito histórico en lo que se puede considerar la laicización del país y a la vez el establecimiento de la libertad de culto y de conciencia. Su promulgación puso término al derecho de Patronato, que inmiscuía al Estado en la designación de obispos, canónigos y párrocos y consagra "la manifestación de todas las creencias, la libertad de conciencia y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden público". Durante el segundo mandato del Presidente Alessandri, pudo promulgarse la ley que otorgó el derecho a sufragio a la mujer chilena, lo que le permitió participar inicialmente, en las elecciones municipales.


CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO (1877-1960)
Presidencias: 1927-1931 y 1952-1958
Carlos Ibáñez Conterráneo de Arturo Alessandri Palma, el General Carlos Ibáñez del Campo es hombre público de singulares matices, que aportó a la política nacional una visión personal de la vida pública, de una socarronería a prueba de todo intento de sorprenderlo. Manejó los destinos del país, en dos oportunidades, en circunstancias diferentes. Llega al poder por primera vez el año 1927, a los 50 años de edad. Fue Ministro de Guerra y Ministro del Interior, en el gobierno de Emiliano Figueroa, ostentando el grado de coronel. Ibáñez llega al poder el 22 de mayo de 1927, sin competidores y ejerce una dictadura legal, que no obstante encarcela y deporta a sus adversarios. Numerosas obras y reformas a los servicios administrativos del país se realizan en este período presidencial. Casado en dos ocasiones, el General Ibáñez mantuvo relaciones armónicas con la Iglesia Católica, a través, sin duda, de la intervención de su segunda esposa, doña Graciela Letelier de Ibáñez. Una importante medida tomada bajo su régimen fue el establecimiento de la autonomía universitaria, en mayo de 1931, que permitió a la Universidad de Chile la administración de sus bienes, la fijación de sus ítemes presupuestarios, y en el ámbito académico, la organización de sus planes de estudios, como asimismo el otorgamiento de los títulos y grados correspondientes. Llegó a su segundo mandato el Presidente Ibáñez en 1952, contando un fervoroso electorado que si bien no le dio la mayoría absoluta, le otorgó un amplio y heterogéneo respaldo. Un fenómeno político excepcional, ya que el Presidente Ibáñez distaba de poseer los atributos que distinguen a un político que llega a esas alturas. La creación del Banco del Estado de Chile, idea que se mantenía vigente desde la presidencia de José Manuel Balmaceda y el establecimiento del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, fueron entre otras interesantes iniciativas del gobierno del Presidente Ibáñez En un gesto de particular tolerancia y de expresión cívica, el Presidente Carlos Ibáñez del Campo, derogó la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, dictada bajo el Gobierno del Presidente Gabriel González Videla, para poner fuera de la ley a los miembros del Partido Comunista, partido con el que había iniciado su gobierno el tercer presidente radical en la historia de nuestro país.



PEDRO AGUIRRE CERDA (1879-1941)
Presidencia: 1938-1941
Pedro Aguirre Estamos ante la figura emblemática de los ilustres hermanos que fueron presidentes de la República, don Pedro Aguirre Cerda, por cuanto su presencia en la Augusta Orden fue activa, desempeñando cargos en la Gran Oficialidad de la Gran Logia de Chile. El candidato Aguirre Cerda llega a la primera magistratura triunfando sobre su oponente, el hombre de negocios Gustavo Ross Santa María por la estrecha diferencia de 4.111 votos, con una abstención del 27,5% Hombre de la política, la educación y el derecho, antes de asumir la Presidencia había desempeñado cargos parlamentarios, diputado y senador, y los Ministerios de Justicia e Instrucción Pública y de Interior. El 16 de enero de 1938 se procede a la proclamación del candidato Pedro Aguirre Cerda en el Teatro Municipal, ocasión en la que ofrece un esclarecido programa de acción para su gobierno. Fiel a su espíritu tolerante declara "seamos honradamente respetuosos de la conciencia religiosa y política: impidamos la violencia para que gustemos el sentido noble y humano de toda reforma" y luego expresa: "luchemos por la liberación espiritual y económica de nuestros conciudadanos. En medio de los intereses materiales que chocan y amenazan destruir el régimen democrático representamos un sentido ideal de la vida. Como fuerzas espirituales en marcha, nadie podrá detener nuestro paso. Tal es el alto y genuino significado de nuestra actual jornada política". Inspirado en el pensamiento de Valentín Letelier, el Presidente Aguirre Cerda, hizo suyo el lema de "Gobernar es educar", que distinguió a su gobierno que se inicia con un desastre, el terremoto de Chillán el que asoló importantes provincias del sur de nuestro país, provocando miles de muertes, desolación, ruina económica. Esta desgracia no amilanó al estadista, que recorrió junto a su abnegada esposa, señora Juanita Aguirre de Aguirre Cerda, las devastadas regiones, llevando personalmente auxilio y consuelo a las miles de familias damnificadas. Fue una dura prueba para el estadista. Sumando pruebas difíciles, el Presidente Pedro Aguirre Cerda hubo de afrontar también las dificultades que se le crearon al país con la iniciación de la Segunda Guerra Mundial que restringió los mercados del comercio mundial para los productos chilenos, afectando el desarrollo económico del país. Uno de los pilares de su gobierno lo fue la creación de la Corporación de Fomento de la Producción, verdadero motor para impulsar el desarrollo industrial y agrícola del país, a través de una asistencia eficaz en tecnología y capitales. En este sentido, fueron preponderantes los estudios realizados por el ilustre hombre público, en el transcurso de su estada en Europa, que le permitió abordar estudios acerca de temas importantes como el desarrollo industrial y agrícola. En efecto, en 1929, publica en París, su obra "El problema agrario" y de vuelta en Chile, publica su libro "El problema industrial". En el Diccionario Enciclopédico de la Masonería, se destaca la figura del presidente chileno con una biografía en la que se sintetizan las virtudes que adornaron a este demócrata ejemplar. Su aspiración de un gobierno al servicio del pueblo que condensa en estas palabras de valiosos propósitos: "No es mi propósito el obtener que pueda recordárseme posteriormente por los edificios suntuosos, las grandes avenidas y los monumentos que puedan construirse durante mi gobierno; no, toda mi ambición es que pueda afirmarse en el futuro que, al cabo de mi periodo constitucional de seis años, han disminuido en Chile los analfabetos y los enfermos y que la gente viva mejor". Esencialmente educador, puso énfasis en la generación de un sistema educativo que considera en primer término la gratuidad de la educación para hacer posible la incorporación de vastos sectores de la niñez y juventud a la educación. También consideró la necesidad de una educación única para obtener una sociedad más solidaria; obligatoria, por cuanto es deber del Estado brindar a los miembros de la sociedad la educación esencial requerida para el desarrollo de la vida en sociedad y, finalmente laica, para garantizar la libertad plena de conciencia. Su consecuencia doctrinaria hizo posible que las relaciones Estado e Iglesia católica se mantuvieran en un plano de respeto mutuo, a pesar de las aprehensiones de los sectores políticos adversos y de estratos sociales que veían con recelo el advenimiento de un régimen político presidido por un francmasón. En el transcurso de este gobierno se realizó en el país un Congreso Eucarístico nacional que contó con las facilidades de los organismos de gobierno. Aún más, también en este período se ungió Cardenal primado de la Iglesia a Monseñor José María Caro Rodríguez, quien no fue todo lo tolerante con nuestra Augusta Orden: es el autor de un libelo desafortunado y mendaz acerca de nuestra Institución. Una cruel y rebelde enfermedad impidió al Ilustre Hermano Pedro Aguirre Cerda dar término a su mandato, dejando inconclusa su labor progresista al frente de la Nación. No tuvo, aparte de los infaltables detractores de todo gobierno, sino la simpatía, la adhesión y el afecto, principalmente del pueblo, el que se reconocía en la persona y en el ser del mandatario. Nunca un presidente concitó tanto afecto. A sus exequias, concurrió un pueblo dolorido que se sintió tocado en sus esperanzas, y que expresó con vivo sentimiento su dolor ante la partida de Pedro Aguirre Cerda. Al deceso del Presidente Aguirre Cerda, lo sucede su Ministro de Interior, el Dr. Jerónimo Méndez Arancibia, activo miembro de la Orden Masónica, quien recibe este mandato el 10 de noviembre de 1941 y convoca a elecciones presidenciales para el 1 de febrero de 1942. El Vicepresidente Méndez Arancibia, con la modestia y discreción que lo caracterizó, gobernó este corto período para dar cumplimiento a lo dispuesto en la Constitución Política del país y entregar el mando al presidente elegido en los comicios convocados para esos efectos.



JUAN ANTONIO RÍOS MORALES (1888-1946)
Presidencia: 1942-1946
Juan Antonio Ríos Otro distinguido miembro de la Masonería asume la primera magistratura del país, el Venerable Hermano Juan Antonio Ríos Morales, quien dijo: " Seré presidente de todos los chilenos. He prometido justicia, trabajo y libertad. ¡Yo cumpliré! "
Directo en su lenguaje, el Presidente Ríos, afirma al asumir su mandato que hará un gobierno eminentemente nacional, y como anota uno de sus cronistas: "sin renunciar a la orientación de avanzada social que caracterizaría al régimen, el gobierno se desentendería de todo proselitismo, ejerciendo su labor por encima de las aspiraciones de determinados sectores. Junto con ofrecer esta garantía al país el Jefe de Estado reclamaba de todos sus conciudadanos una leal y bien entendida colaboración. Los partidos políticos deberían servir de exponentes de las grandes aspiraciones de bien público y no como vallas que obstaculizaran constantemente la acción gubernativa". En su gobierno acuñó la divisa de "gobernar es producir" y consecuente con esta idea, se estimuló en forma preferente la industrialización del país a través de la instalación de redes de electricidad, con plantas hidroeléctricas, se forjó una próspera industria del acero, y en el extremo del país, en Magallanes, surgió el primer pozo petrolero, en Springhill. En su primer mensaje leído el 21 de mayo de 1942, en el Congreso Nacional expresó: "este Gobierno es depositario de un mandato de la ciudadanía perfectamente explícito y al mismo tiempo tiene la misión de ordenar los diferentes factores económicos, políticos y sociales, no para esgrimirlos demagógicamente, sino para llevar a término las reformas que exigen el bienestar del pueblo y el interés de la nación". En el plano internacional, correspondió al Presidente Juan Antonio Ríos, tomar la decisión, con consulta al Senado, del rompimiento de relaciones diplomáticas con los países miembros del Eje, Alemania, Italia y Japón. También en 1945, Chile firmó la Carta de las Naciones Unidas, incorporándose como miembro activo de la Organización de las Naciones Unidas. Lamentablemente, la salud no acompañaba al Presidente y él, contrariando las recomendaciones de sus médicos, todos distinguidos profesores de Medicina, continúo inalterable, sus actividades. Destaca su largo itinerario por varios países de América, culminando su visita a los Estados Unidos de América. En este viaje continental, fiel a su condición masónica, visitó las Grandes Logias de varios países del continente, en las que recibió los honores de miembro de la Gran Logia de Chile y de Presidente de la República. Importante fue su visita a la Gran Logia de Nueva York. Mantuvo su adhesión a los principios masónicos y se distingue su respuesta, que en su lecho de enfermo entregó a un purpurado de la Iglesia católica que lo instaba a la reconciliación con la iglesia que representaba. Su respuesta de masón y de estadista no se hizo esperar, para expresar al representante católico que no tenía problemas de conciencia y que en cuanto a Dios, ambos eran muy buenos amigos. El Presidente Juan Antonio Ríos, muere en Villa Paidahue al amanecer del día 27 de junio de 1946, rodeado de su esposa, hijos, familiares y amigos más preciados. Sus funerales dieron la posibilidad de que se expresaran vivas muestras de dolor ante la partida de un Presidente que ejerció con apostura y distinción el cargo, imponiendo su política de austeridad y de visión social y política. Lo sucede en calidad de Vicepresidente de la República, el político radical, Alfredo Duhalde Vásquez, quien en su trayectoria de hombre público había sido diputado, senador, ministro de Estado en diversas carteras: Interior, Relaciones Exteriores, Defensa. Ejerció la Vicepresidencia de la República en tres oportunidades durante el mandato del Presidente Ríos. Renunció en la última ocasión para postular a la Presidencia de la República.



GABRIEL GONZÁLEZ VIDELA (1898-1980)
Presidencia: 1946-1952 Gabriel González Videla

En las elecciones presidenciales para suceder al Presidente Juan Antonio Ríos, realizadas el 4 de septiembre de 1946, postulan varios candidatos El Dr. Eduardo Cruz-Coke Lassabe, el jurista Fernando Alessandri Rodríguez y el sindicalista Bernardo Ibáñez Aguila. Triunfa sin alcanzar la mayoría, el candidato radical, Gabriel González Videla, al que el Congreso Pleno ratifica en sesión de 24 de octubre de 1946. El Presidente Gabriel González Videla, exhibía al momento de su elección, una vasta vida pública, diputado, senador, Presidente de la Comisión Chilena al Congreso de las Democracias en Montevideo, el año 1939, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Francia, Bélgica y Luxemburgo, Embajador Extraordinario en Portugal y Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Brasil, en 1942. De carácter extrovertido, el Presidente González Videla, afrontó la tarea de gobernar el país, con problemas presupuestarios en diversos organismos del Estado. Esta situación tendió a agravarse con la reducción en los precios de venta internacional de productos importantes como el cobre y el salitre, que eran la columna vertebral de nuestra economía en el plano internacional. No obstante estas limitaciones de orden económico, se impulsó la creación de la Siderúrgica Huachipato, la Industria Azucarera Nacional, la Fundición de Paipote y de centrales hidroeléctricas. Importante de destacar fue la decisión del Gobierno de declarar la soberanía marítima de las 200 millas marinas, relevante hito en consideración al gran frente marítimo de 4.000 millas de nuestro país. Otro hecho destacado lo constituyó la visita del Presidente González Videla al territorio antártico, para expresar la soberanía de nuestro país en ese enclave geográfico. La mujer alcanza en este período presidencial el pleno goce de sus derechos cívicos, al promulgarse la ley que les otorgó el acceso al sufragio en las elecciones parlamentarias y presidenciales y la posibilidad de ser elegidas para cargos municipales, de diputados, de senadores, es decir de elección popular. En el campo de la educación superior, cabe señalar la disposición del gobierno de crear una universidad que congregara la educación técnica del país, que hasta ese momento impartían la Escuela de Ingenieros Industriales, el Instituto Pedagógico Técnico, los grados técnicos de la Escuela de Artes y Oficios. De esta amalgama de entidades surge en 1947 la Universidad Técnica del Estado, cuyo aporte al desarrollo industrial de Chile, se apreciará con el correr de los años. Las fuerzas que constituyeron el Gobierno del Presidente González Videla, radicales, liberales y comunistas, entraron muy pronto en colisión y el primer mandatario tuvo que prescindir del aporte del Partido Comunista y generar un referente político llamado de concentración nacional para continuar con el programa de gobierno. En esta época se crea la Acción Chilena Anticomunista, ACHA, destinada a combatir a los miembros del Partido Comunista. Profundizadas las divergencias se dictó la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, para neutralizar las actividades de los comunistas y proceder a su eliminación de los registros electorales. También esta ley procuró salvaguardar la democracia de otros sectores ultras. El Presidente Gabriel González Videla, fallece en Santiago el 22 de agosto de 1980. En el transcurso de sus últimos años desempeñó el cargo de Vicepresidente del Consejo de Estado, órgano consultivo creado por el gobierno Militar que asumió la conducción del país a partir del 11 de septiembre de 1973.




SALVADOR ALLENDE GOSSENS (1908-1973)
Presidencia: 1970-1973 Salvador Allende Gossens

Con un ascendiente de prosapia masónica, como fue el Dr. Ramón Allende Padín, médico cirujano, Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, en 1884, el Dr. Salvador Allende Gossens, nieto de aquél, observó en el transcurso de su existencia una total consecuencia con el ideario masónico. Sus adversarios políticos quisieron limitar su popularidad haciendo gran difusión de su condición masónica. En una publicación de un rotativo importante de este país, en una de las campañas presidenciales, mostró al Venerable Hermano Salvador Allende a punto de ingresar al Club de la República, en Alameda 659, acudiendo a una habitual reunión logial. Su vasta trayectoria política pública se inicia al ser elegido diputado por Quillota en 1937, deja este cargo para asumir el Ministerio de Salubridad, Previsión y Asistencia Social, senador de la República en dos oportunidades y Vicepresidente del Senado. Cuatro veces candidato a la presidencia de la República, alcanzó esta alta magistratura en septiembre de 1970, elegido por el Congreso en Pleno, al no alcanzar la mayoría en la elección, en la que participaron el ex presidente Jorge Alessandri Rodríguez y el destacado político Radomiro Tomic. Con su elección, que produjo admiración en el mundo, por cuanto por primera vez asumía la conducción de un país, por la vía electoral un presidente ideológicamente vinculado a la vertiente marxista. Las esperanzas de un sector de nuestra patria estaban cifradas en las transformaciones de orden social en el que se inspiraba el gobierno de la Unidad Popular, la "vía chilena hacia el socialismo", se inició bajo buenos auspicios. Sin embargo, diversos factores, la concomitancia de fuerzas adversas que conspiraron desde un comienzo contra el gobierno del Dr. Allende, el extremismo generado al interior de la propia Unidad Popular fueron minando la capacidad de gobierno, generando condiciones que hicieron imposible la conducción del país. Las agudas transformaciones propuestas, la nacionalización del cobre, la estatización de la banca y de las industrias, la reforma agraria llevada a límites extremos, determinaron una agudización total de la convivencia nacional, que el Presidente Allende, demócrata y masón no pudo superar. El Presidente Allende mantuvo cordiales relaciones con la Iglesia Católica, a través de su permanente contacto con el Cardenal Raúl Silva Henríquez. En un mensaje breve dirigido a los jóvenes católicos, el Presidente Salvador Allende: "Y de aquí les contesto a los jóvenes de la Universidad Católica - tan inquietos - que el Gobierno del Pueblo respetará a los que disienten de él. No nos inquieta la crítica, lo único que exigimos es que ella se realice dentro del contexto jurídico que nosotros estamos observando". La situación de ingobernabilidad se hizo insostenible y el 11 de septiembre de 1973, una Junta Militar toma el mando de la Nación. A propósito de este dramático desenlace, escribe el entonces Embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá , en su libro "Instantes de Decisión, Chile 1972-1973": "Sin embargo debo decir que en las fechas inmediatamente posteriores al golpe de Estado, recibí por parte de varios asilados en la embajada mexicana, que acompañaron al presidente en sus últimos momentos, testimonios que apuntaban hacia el suicidio. Agrego de inmediato que este hecho, lejos de disminuir la valentía de ese gran hombre que fue Salvador Allende, pone de relieve su entereza y su congruencia con los ideales que abrazó y por los que luchó a lo largo de su vida... Ese trágico día, con la muerte del presidente de la República, se cerró en la historia de Chile la alternativa más importante que tuvo el socialismo para consolidarse por la vía democrática. La vía chilena al socialismo había quedado cancelada".


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Estos fueron los Presidentes laicos de todos los chilenos, que respetaron las jerarquías espirituales y morales, leales con el pueblo, con sus partidos, con sus amigos, de auténtica chilenidad y que se llamaron Arturo Alessandri Palma, Carlos Ibañez del Campo, Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos Morales, Gabriel González Videla y Salvador Allende Gossens. Queremos perpetuar las figuras de estos hombres, primeros ciudadanos de la República. Hombres inspiradores de sabiduría e iluminadores de espíritu, preocupados de abrir las puertas de sus muros y sus corazones. Hombres de razón y principios, de profesión y oficio, de esperanza y futuro. Justificados nombres para ampliar su voz y acción hacia nuestra sociedad, transida de dolencias, insolidaridad, excepticismo y violencias, que aguardaba a estos hombres para preparar fórmulas de convivencias nuevas, para ejercitar lenguajes y comportamientos diferentes y apuntar su vocación progresista para que otros no permanecieran incólumes. Ciudadanos Presidentes que fueron rostros sustantivos de la Masonería chilena para que en singular reto orientaran también el universo nuestro de la unidad y el laicismo, la libertad y la justicia. Los que han vivido la historia del siglo pasado y los que conocen su desarrollo en la contienda de los tiempos, relevante contienda, no podrán olvidar jamás que esos años y esos hombres no han sido sino un trozo señero laico en el alma de la historia civil de nuestra tierra. Nadie ha podido escapar de su responsabilidad en las páginas de la conciencia de cada uno. El pueblo democrático no se encuentra ciertamente en estado de oscuridad educativa y cultural, pero pareciera que tampoco está en su totalidad enterado de los reales alcances de cada idea fundamental. En el concepto social y cultural hay muchos hombres preparados para distinguir un principio de otro, pero hay todavía algunos que están esperando una justa preparación. Quizá haya una mayoría de nuestro pueblo que se mueve aún dentro de la idea nativa, intuitiva del laicismo. Sabe este pueblo que es algo hermoso su concepto de la convivencia social y democrática, quiere sabérselo explicar y explicarlo. Y si en el momento de írselo a enseñar, un maestro, un culto, llega a darle la traducción de ese sentimiento en forma tal que se lo intercale de posibilidades vergonzosas, ese pueblo o ese hombre del pueblo tendrá que optar entre dos caminos: o desconfiar del laicismo o desconfiar del maestro. Y esto último es lo que debería hacer. Porque el día en que el verdadero demócrata pierda la fe en su propia índole, ya no le quedará nada para salvarse. Y ante esos maestros que desencantan y desvirtúan su ideología intuitiva, sería preferible dejar al pueblo democrático sin definiciones, en la pureza original de su instinto laico. El laicismo significa honradez, responsabilidad, consecuencia, educación y cultura. El laicismo se llama libertad de conciencia. Creo que así lo han demostrado estos mandatarios del siglo XX. Porque ellos querían un país unido en la libertad. Pero algunos ciudadanos lo querían unido en la idea materialista, otros lo querían unido en la idea espiritualista. Sin embargo, para unos y otros era preciso tener un principio fundamental: no puede haber unión sino entre iguales. La universalidad de las naciones en el orden de la igualdad internacional sólo depende de que cada nación sea igual a otra en personalidad, en grandeza y en estilo. Para formar una nación hay que formar un grupo de hombres libres, para formar un mundo hay que formar un grupo de naciones libres. Por eso, el Estado tiene que guiar sus esfuerzos hacia el fin de lograr una nación que en el concierto de las naciones tenga su sitio propio, su estilo propio, su personalidad propia y su grandeza propia. Nosotros hemos nacido en esta tierra feraz y cósmica donde no es posible separar las andanzas del ser de las andanzas del suelo. Aquí y ahora lo siento con la presencia probatoria de esos hombres de la libertad. Y aquí lo digo con el testimonio inmóvil y eterno de esos gobernantes del laicismo, y lo estoy diciendo con la certificación inmortal de Chile indesmentido. Y aquí, porque sólo quiero hacer sentir la presencia de sus espíritus, hablando de ellos como si hablara de su pueblo. Y celebrar sus oficios, paralelos al de los soldados de la pluma, inseparables de aquéllos que supieron cumplir en la empresa desesperada y cruenta de la responsabilidad del pensamiento. Ya sabemos que la historia de la responsabilidad del intelectual chileno es una triste historia de soledad irresponsable, ilustrada por figuras relevantes y valientes. Unos culpables y otros, indiferentes. Pero, glorifiquemos hoy la memoria de los que han sabido soportar y conducir con limpieza de vida la función de responsabilidad laica de los gobernantes del ayer de nuestra patria. Su lenguaje fue propiamente el lenguaje de la libertad y el pluralismo, fue, en suma, el lenguaje del humanismo, como fábrica oculta del pensamiento para trabajar sin cesar por el descubrimiento de la verdad y la justicia. Tal vez, esos gobernantes que sufrieron y alegraron la historia de la patria levantaron su libertad y su esperanza sobre la base de los cimientos de su moral, su justicia y su solidaridad. Y tal vez hoy, cada hombre de esta tierra se transforma en el mecenas del progreso de su presente y futuro sólo con la enorme fuerza de su trabajo y su responsabilidad. Y tal vez, poner ahora, en el mes del centésimo cuadragésimo aniversario de la Gran Logia de Chile, una luz de libertad y laicismo en el acontecer cuotidiano suponga hacer política del trabajo y la solidaridad, de la justicia y la esperanza. Libertad y laicismo en este aniversario para decir con gratitud y optimismo, salud, progreso y unión por siempre.




A modo de Corolario Esta ha sido la visión sinóptica de estos ilustres hermanos que encabezaron los gobiernos laicos del siglo XX de la República de Chile. Se distinguieron, sin excepción, por su consecuencia filosófica, que abrieron las puertas de La Moneda a las respetables tradiciones religiosas del país. Convivieron en armonía con las visiones particulares de todas las tendencias religiosas, dieron una demostración de un laicismo tolerante y humanista. Demostraron con hechos que las enseñanzas recibidas al interior de nuestros templos mantenían en sus espíritus plena vigencia y una dinámica ejecutoria. Mostraron la tolerancia que otras convicciones no tuvieron para con el ejercicio de su supremo mandato republicano. Allí radicó la diferencia que nos enorgullece, como miembros de la Augusta Orden Masónica. Señoras, señores, empecé mi exposición con la cita textual que hace Fernando Pinto Lagarrigue de Arturo Alessandri Palma, el primer Presidente laico del siglo XX y concluyo con un trozo de lo que expresé el 9 de septiembre de 1990 en el Gran Templo de la Gran Logia de Chile en homenaje de recuerdo a Salvador Allende Gossens, último Presidente laico del siglo XX. "El Oficio de Masón", de Marino Pizarro Pizarro.




...Quiero decir a mis hermanos que éste es un acto de justicia de hermano; un homenaje de recuerdo en un día que se torna universal; un momento para entender la verdadera fraternidad. "Post morten nihil est...ipsaque mors nihil": "Después de la muerte no hay nada...y la misma muerte no es nada", canta Séneca en sus Troyanas. Y digo hoy con decisión de Gran Maestro que nada ni nadie impele este propósito. Ha surgido simple y masónicamente como una fraternidad abierta, trabajada cada día al uso de masones, sin dogmas, con el deber del rigor y de la tolerancia. Tolerancia para la consideración y deferencia a los otros, rigor para nuestra propia consideración y respeto. Es, suponemos, lo que conseguimos también cada día en nuestro ejercicio simbólico y lo que nos confiere la dignidad del oficio de masón. Que este recuerdo del hermano en esta hora presente nos ayude a aprender el olvido y nos dé la tolerancia necesaria para que los mundos del hombre se encuentren permanentemente en el vértice del trabajo simbólico y de la verdadera fraternidad. Porque su estatura se compuso, como la de todo hombre y todo masón, de luz y caída; de amor y herida; de pequeños terrones de tierra seca y de las puntas altas y brillantes de todas las estrellas. Vivió la vida diaria mezquina y noble. Fue estructura de sueños y alimento. Sufrió dolor de huesos y de patria. Fue un hombre. Y como masón, en su oscura raíz tanto como en su más puro ideal, vibraba reconocible la esencia de nuestros principios; innegables a quien piensa con nuestro pensamiento, tierra de hoja fértil, abonando el hacer subyacente o explícito de nuestros ideales. Por eso, en esta noche del recuerdo no pongamos lápida ni lágrima. Hagamos en su homenaje un acto de amor a la vida futura. La vida mejor para un hombre mejor. La patria ancha y propia, hecha a mano, de ideales verdaderos. Herencia para los hijos de la carne y del espíritu para esta tierra y todas las tierras del mundo en que se quiebren fronteras que separan con odio y se levanten fronteras que demarquen suelo, idiosincrasia, límite, lengua, pero se siembre humanidad y respeto por el hombre. Así lo quería, porque un masón no cesa jamás de trabajar la humanidad. Gracias.




MARINO PIZARRO PIZARRO
Premio Nacional de Educación y
Ex Rector de la Universidad de Chile
Mayo de 2002.




BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL

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- Constitución Política de Chile, Editorial Jurídica de Chile, Santiago, 1989

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- Frías Valenzuela Francisco, "Manual de Historia de Chile", Editorial Zigzag, Santiago de Chile, 1986
- Gutiérrez Lobos Víctor, "Los Presidentes de Chile", GV, publicaciones, Santiago de Chile, 1991
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- Palma Zúñiga Luis e Iglesias Meléndez Julio, "Juan Antonio Ríos", Santiago de Chile, 1957
- Palma Zúñiga Luis, "Pedro Aguirre Cerda, Maestro, estadista, gobernante", Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1963
- Pinto Lagarrigue, Fernando. "La Masonería y su influencia en Chile", Editorial Universitaria. Santiago, 1965.
- Pizarro Pizarro Marino, "El oficio de masón", Ediciones de la Gran Logia de Chile, Santiago de Chile, 1994
- Riveros Cornejo Luis A. y otros, "Don Pedro Aguirre Cerda, estadista y educador", Ediciones de la Respetable Logia Educador Pedro Aguirre Cerda, Santiago de Chile, 1996
- Sepúlveda Chavarría, Manuel "Crónicas de la Masonería Chilena", Santiago, Ed. Universitaria, 1996-1997.





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30.06.2002