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BENEDICTO CHUAQUI KETTLUN

Mientras usted lee este texto,
al final de el se irán desplegando algunas fotos de la ciudad de Homs, en Siria,
ciudad de origen del Q.·.H.·. Benedicto Chuaqui
[Bajar al album de fotos]
[América.]
[Benedicto Chuaqui bombero.]
[Benedicto Chuaqui masón ejemplar.]
[Conclusiones.]


      Este trabajo, como tantos cuentos orientales, bien podría comenzar con la frase consagrada de Hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano...
      En efecto, el escenario es Homs en Siria, y la época, el año de 1895.
      Homs, aldeón que tiene ochenta mil habitantes, pero un solo médico y ningún dentista. Las casas muy viejas se heredan de padres a hijos desde tiempos ya sin memoria. Un sol de justicia las castiga en los tórridos veranos y la nieve y el frío las amortaja en invierno. La gran mayoría de sus habitantes son modestos tejedores a trato, que reciben los materiales - algodón y sedas, lanas - de parte de los ricos comerciantes que retribuyen con unos cuantos cobres acuñados por la lejana Sublime Puerta, poético nombre del corazón del Imperio Otomano, los famosos turcos.
   En Homs, como en todo el Medio Oriente, se ejerce el dominio turco, últimas manifestaciones de un imperio que ya ha durado más de mil años y que sólo sobrevive gracias al temor y la desunión de sus dominados.
   En Homs, las escuelas son de misiones extranjeras que mantienen en otro plano, las querellas religiosas que desgarran a los habitantes que son, sin embargo, árabes por lengua, raza y cultura.

   En una calleja casi miserable, una de esas casas igual a otras mil, en el barrio de los ortodoxos cristianos, nace un niño enfermizo. Pusiéronle el nombre de Yamil y recibió prontamente las aguas y los óleos salvadores de la fe ortodoxa.
      Creció rodeado por la pobreza, pero dulcificada por el mimo con que las familias árabes malcrían al hijo mayor.
      Yamil creció comiendo frugalmente olivas, dátiles, pan, algo de carne de cordero los días de fiesta y pasteles de higo bañados en miel.
   Su destino más probable sería el de tejedor, como su padre. Pero, puestos a soñar, no era del todo imposible con un poco de suerte, llegar a la honrosa dignidad de peluquero como el tío Jalil, respetado universalmente por su sabiduría.
      También era respetable la posición de planchador de turbantes. Todos los mayores los usaban. Los musulmanes con una cinta blanca y los cristianos con una de color negro.
      Las diferencias religiosas hacían imposible la convivencia y los bandos irreconciliables se insultaban en la misma lengua. A Yamil lo habían educado en la idea de que todos los musulmanes apestaban. Por eso indignaba tanto cuando los muchachos mahometanos (musulmanes) se permitían arrojar piedras al sector cristiano gritando yebrek jalibak, maldita sea tu cruz.
      Yamil ya tiene edad escolar y va a la escuela que patrocina el Zar de Rusia. Aprende rápido, es juicioso y recibe una oferta de beca para continuar sus estudios en Beiruth (Beirut) y después quien sabe, si hasta para ir a San Petersburgo o Moscú. Sin embargo, las desgracias familiares se sucederán con trágico ritmo. El niño comienza a crecer y debe hacerse prematuramente hombre. Primero su madre que muere de mal parto. El hermano recién nacido sigue igual suerte. El padre enferma.

-América.- .


      Entonces, como cada vez que las durezas de una vida sin horizontes se ponían demasiado intolerables, empezaba a susurrarse una palabra talismán, un conjunto se abría de par en par las puertas de la esperanza y de la fortuna: ¡ América!
      Desde hacía años, uno tras otro, los más audaces, los que no temían cruzar los mares para construirse una nueva vida, habían partido hacia ese El Dorado donde las lagrimas y el sudor pronto se trocaban en riquezas y bienestar.
      Yamil, cuyo apellido era Chuaqui, también tenía parientes lejanos en América. Pronto dos tías partieron a encontrarse con sus maridos. Uno y otro estaban en un exótico país de extraño nombre: Chile. Su abuelo, había reservado una pequeña cantidad de dinero, suficiente para un pasaje de tercera clase, para que lo utilizara su hijo. Como éste no podía viajar, Yamil Chuaqui lo solicitó en préstamo y a la edad de trece años se aprestó a romper el cerrado círculo de la pobreza abriendo nuevos caminos para su familia. El abuelo, esperando poder reunir a la familia dispersa, viaja con él.
      Años más tarde escribiría: cada paso que daba hacia la estación era como un puñal agudo que me hacía sangrar el pecho.
      No es difícil imaginar la escena. Un niño, árabe por añadidura, esto es, criado en el cultivo más estrecho de los lazos de amor y lealtad familiares, marcha con coraje y decisión hacia una vida incierta en un país extraño, sin más auxilio que unas pocas monedas, un noble propósito de progreso y un mundo de recuerdos dolorosos que nunca olvidará hasta el día de su muerte bajo otros cielos y sobre otra tierra.
      Así comienza la historia de Yamil Chuaqui.
      Mil aventuras y desventuras hasta verse cruzando los Andes a lomo de mula. Al otro lado, no los esperaba nadie. Pronto muere su abuelo y también su tío. Queda solo en un país donde no entiende la lengua ni las costumbres. Abre un baratillo en Matucana con San Pablo. Corre el año 1908 y acaba de cumplir trece años.
      También ha cambiado de nombre. Ahora se llama Camilo, parecido a Yamil, pero pronto decide llamarse Benedicto en cuanto le explican el alto sentido simbólico de esa palabra.
      A través de los recuerdos que nos ha legado Chuaqui podemos reconstruir aspectos muy importantes del Santiago de comienzos de siglo, de su cerrada sociedad orgullosa de sus blasones y riquezas, pero enferma de usura y avidez, temerosa de las nuevas clases sociales que se abren paso a través del trabajo y del liceo para cimentar una sociedad democrática donde todos tengan una oportunidad y una responsabilidad en el manejo del común destino.
      Con su ayuda, observemos brevemente la situación del país, primero, y la de la colonia árabe, después.
      Benedicto Chuaqui decíamos, llegó a Chile en1908. Faltan sólo dos años para que se realicen las famosas festividades llamadas del Centenario y, por otra parte, han pasado 17 años de la cruenta y demencial guerra civil que en 1891, desgarró a la república.
      Aquel año -1891- marcó el fin de la etapa que me atrevería a llamar la Primera República y que comprende a los inicios republicanos y a los períodos conservador y liberal, ambos igualmente autoritarios, interventores electorales y constructivos en el orden material. Todavía hay quienes experimentan una fuerte admiración nostálgica hacia esa época y se les antoja la mejor que hayamos vivido.
      En efecto, hay una continuidad de estilo político que suscita todo nuestro respeto hacia el siglo pasado. Por ejemplo, el apego a la ley, la honestidad personal. El altísimo sentido del deber, etc... Pero si bien se avanzaba a pasos agigantados en las obras públicas, en la educación y en general, en la consolidación de una nacionalidad cohesionada y madura, en otros planos se padecía de una lamentable esclerosis, especialmente en el plano social.
      Un testigo abonado y perspicaz de esta sociedad fue Santiago Arcos Arlegui, curioso personaje venido de Francia, gran amigo de nuestro Q.·.H.·. Francisco Bilbao Barquín, y de quien, por desgracia, no podemos dar más antecedentes por quedarnos fuera de nuestro tema. Resumiendo sus ideas, contenidas en una celebre carta que escribe desde la cárcel de Santiago, en 1852, podemos decir que la sociedad chilena del siglo XIX se divide, tajantemente, en dos sectores: los ricos y los pobres. Santiago Arcos observa que estos nombres son los que utiliza el pueblo para denominarse a sí mismos (nosotros los pobres) y a los otros (ellos, los ricos). De tal manera que aquí la pobreza y la riqueza no son situaciones que admiten cambios, sino condiciones, castas, dentro de las cuales se nace conforme a la suerte o destino de cada quien y frente a las cuales sólo cabe la resignación fatalista.
      Por su parte los aristócratas, los que son los dueños de las tierras y de la educación, se llaman a sí mismos, caballeros. Los demás los rotos.
      De paso, Arcos hace la aguda observación de que los caballeros se precian de haber hecho la independencia, fenómeno en el que los rotos han ganado tanto como los caballos que en Maipú cargaron contra las tropas del rey.
      Este rígido esquema de diferenciación de clases, no reconocido ciertamente por la ley, pero practicado y aceptado en la costumbre, no es capaz de absorber las nuevas realidades que ya son patentes a finales de siglo. La riqueza salitrera conquistada a sangre y fuego en los campos de batalla del 79, el auge del comercio exterior, el paciente desarrollo de grupos sociales intermedios, precipita una lucha política en que se pone en discusión el hasta entonces verdadero dogma indiscutible de que el poder político sólo debe ser administrado por la clase tradicional y todavía más, en forma enérgica y autoritaria.
      Derrotado el gobierno de Balmaceda en Concón y Placilla, se encaraman en las posiciones claves del gobierno y del parlamento los nuevos ricos, los jugadores de bolsa, los comerciantes y empleados de firmas inglesas. También, aunque minoritariamente, los primeros líderes obreros y los profesionales de clase media educados gracias a la gratuidad de la enseñanza.
      Se inicia un tiempo de luchas violentas, de búsqueda de nuevas formas de organización social, de pérdida de antiguos valores, de desenfrenados apetitos en que la ganancia de dinero justifica y santifica los procedimientos más dudosos y repugnantes.
Es en este ambiente donde en un baratillo de extramuros se instala el niño Benedicto Chuaqui.
      Sus primeras experiencias son muy traumáticas. No sabe una sola palabra de castellano. Sus compatriotas, además de ser pocos, son por lo general pobres. Son marginados por la barrera lingüística, pero también por sus costumbres tenidas por sospechosas. Sin embargo, la masa ignorante y desventurada del pueblo, posee a modo de milagro sociológico, una inagotable veta de solidaridad y de natural bondad. Cuando muera su abuelo y se vea sólo en el mundo, recibirá afecto y modesta ayuda de sus vecinos y clientes, tan desfavorecidos como él, pero más humanos que el frío desdén de la sociedad oligárquica. Chuaqui no lo olvidará nunca porque la gratitud viene ya en su rico bagaje cultural aprendido en la lejana Homs.
      Le ayudan a mascullar el castellano. Cierto es que cuando va a comprar carbón le dicen que basta con decirle al despachero: véndame cabrón o que le piden mangas para chalecos que él buscara después por toda la ciudad.
      Lo tratan de paisano o paisanito. También de turco o turquito, lo que él atribuye a su pasaporte emitido, efectivamente, por el Imperio Turco. No sabe que en la lengua castellana, desde el siglo de Oro adelante, la palabra turco es sinónimo de árabe. Recuérdense los versos que Lope de Vega dedica a Don Álvaro de Bazán que supo poner en Lepanto, al fiero turco gran espanto [NOTA 1] . En todo caso, los sirios llegados acá justamente por huir de los turcos, se molestan grandemente al ser motejados así, aunque no haya necesariamente intención peyorativa alguna.
      Benedicto Chuaqui es un prototipo de lo que fue la esforzada vida de aquellos primeros migrantes sirios. Día y noche en los modestos mesones de los baratillos pomposamente bautizados como bazares. El hilo, los botones, las blondas, los mil y un adminículo de costura y prendas de vestir que algunos paisanos más acomodados les entregaban a crédito. Como la lengua no era todavía dominada, solían animar a los posibles clientes gritando cosa tenda, por cosas de tienda. Otros recorrían los campos llevando maletas o burros con árguenas llenas de cosa tenda y hasta adminículos de cocina hacia los pueblos rurales más apartados. Estos eran hasta hace poco, los faltes que yo alcancé a conocer. La palabra falte proviene del pregón: traigo lo que falte, lo que falte. Parecida huella han dejado los sirios en el folclore (folclor) brasileño.
      La necesidad de aprender el idioma se hizo obsesión en Benedicto Chuaqui. Desatendía el negocio por leer y adquirir diccionarios castellanos. Novelas, la Biblia, los periódicos. Los devoraba con mayor o menor provecho. Asistió a una Escuela Nocturna, se hizo amigo de profesores del barrio, de obreros tipógrafos y no supo cómo, de pronto, se vio dueño de una pequeña imprenta donde después imprimiría uno de los primeros periódicos árabe-chilenos del país.
      Había mandado a buscar una hermana y a un hermano. Este por desgracia venía ya marcado por la tisis y murió al poco tiempo en San José de Maipo. El contacto más fluido con los demás le permitió interiorizarse mejor de las costumbres y modos de ser chilenos. Algunos usos le escandalizaban o chocaban violentamente. A menudo padecía ataques de nostalgia por las comidas, la música o por los usos de la añorada Siria. En cambio -escribe- me llamaban poderosamente la atención la libertad que aquí existía... sin sujeción a ninguna traba en los derechos ciudadanos. Y allá teníamos la tiranía de los turcos, el fanatismo religioso y la triste opresión en que vivían las mujeres. Aquí cada cual era dueño de pensar como se le ocurría y expresar en voz alta sus convicciones sin temor a nadie. La religión no era motivo de rencillas ni disgustos. Era agradable sentir a nuestro alrededor esa tranquilidad del hombre que hace lo que le gusta y le conviene.
      Se perfila en él al futuro hombre dedicado al cultivo de la Libertad, de la igualdad y de la Fraternidad, Pero le esperaban grandes altibajos de los cuales supo emerger con una calidad humana muy superior a sus cortos años. Su natural cortesía y buena voluntad le granjeaban la simpatía de la gente, pero varias veces tuvo que escuchar una frase hiriente que nunca olvidaría ¡no pareces turco!
Pronto se dio cuenta que sus paisanos, al menos la mayoría de los que se relacionaban con él no guardaban muy celosamente que digamos, las viejas virtudes de la honradez y decencia que habían aprendido de sus mayores. Comenzó a colaborar con algunos periódicos árabes de Buenos Aires y hasta intentó la imposible tarea de escribir un diccionario árabe-castellano.
      A través del periódico que había adquirido, inició una campaña para que los paisanos del comercio árabe escribieran correctamente el nombre de sus tiendas. Había una que lucía un gran cartel: Baquetería de Juan Buenagenti, vendi barato, Otra, Bazar Monte Líbano a Damasco benta por mayor y menur.
      Junto con otros doce jóvenes provenientes de Homs, fundó la sociedad Juventud Homsiense, cuya principal finalidad era la de prestigiar a la colonia siria. Le mortificaba profundamente que cualquier mal que surgiera en la ciudad era a menudo achacado a los emigrantes turcos, tan desaseados y de mal vivir. Reconocía si que algo había, especialmente en lo referente a ciertos inevitables incendios de paqueterías que extrañamente se agolpaban en diciembre, pero de ahí a generalizar...
      Emprendieron pues estos jóvenes homsienses una cruzada dando a conocer sus valores culturales, sus severas normas morales, sus costumbres. Con el tiempo se vería que las campañas contra los turcos provenían de comerciantes de otras colonias irritados por el éxito de la venta al menudeo con poco margen de utilidad. Al respecto estos jóvenes recordaban a sus paisanos que en la lejana Homs se entendía que una ganancia superior al 10% era inmoral. Al parecer este fue un punto perdido en la batalla y hubieron de resignarse a ganar un poquito más sin mucho asco.

-Benedicto Chuaqui Bombero.- .


      Por otra parte, un amigo le abrió las puertas a un mundo que admiraba con devoción, los bomberos. Su solicitud, en la que se declaraba chileno por consejo de su amigo, fue unánimemente aprobada. Luego se le informó que estaba a prueba por un año, Chuaqui no receló en absoluto por estimarlo natural y justo creyendo que esta era la costumbre. En ese año trabajó con un espíritu de sacrificio y dedicación tales que se granjeó el afecto de todos. Fue aprobado nuevamente por unanimidad. Años después supo de la suspensión se debió a que supieran que era árabe (turco para ellos) y de los baratillos más encima.
      Es interesante ver cómo hasta en el Cuerpo de Bomberos los prejuicios sociales primaban sobre la letra del reglamento que establecía plena igualdad de razas, religiones y condiciones sociales. Sin embargo, el árabe (turco para ellos) sospechoso supo imponer su dignidad, su alta alcurnia humana para que todos reconocieran que era un turco de buena clase. Hizo guardia nocturna, obtuvo los premios de asistencia y, con el tiempo, fue elegido por sus iguales Capitán de la Decimosegunda (Duodécima) Compañía del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Fue designado miembro honorario del Cuerpo y en esa condición fue acompañado a su última morada rodeado de todos los estandartes bomberiles.
      En sus memorias cuenta el único incidente racial de su vida bomberil. "Estaba mi compañía formada en posición firme y de parada - cuenta - en Alameda al llegar a Brasil. Por allí cerca vivía una anciana compatriota que me conocía. No sé cómo se impuso de mi presencia en aquel sitio y acudió corriendo hasta donde yo estaba, para quedarse mirándome enajenada de dicha. Y de pronto se me abalanzó para abrazarme y cubrirme la cara de besos, en tanto que me lanzaba un verdadero torrente de elogios en árabe: ¡mi corazón, que bien te queda el uniforme! ¡Alma mía, que buenmozo estás! ¡Eres la honra de mi cabeza! Rojo de vergüenza, en posición firme, Chuaqui pensaba en las bromas interminables que le harían sus camaradas. Pero nada de eso sucedió. Por el contrario -recuerda-, todos muy serios transparentaban emoción y respeto en sus rostros. ¡Que noble gente era aquella!"

-Benedicto Chuaqui masón ejemplar.- .


      Formado ya en esa escuela de servicio y altruismo, convencido de las bondades de la tolerancia y de la fraternidad, golpeó desordenadamente las puertas de otro mundo, de más elevadas exigencias y de más inefables satisfacciones.
      Vio la Luz en la R.·. Log.·. "Deber y Constancia" Nº 7, del V.·. de Santiago, el 8 de Noviembre de 1919 de la e.·. v.·., a la edad civil de 24 años.
      En su Logia Madre, con la regularidad del Comp.·. , alcanzará todos los grados simbólicos.
      Más tarde, en agosto de 1935, pasará por afiliación a formar parte del cuadro de la Res.·. Log.·. "Hermes" Nº 52.
      Finalmente, el 17 de mayo de 1939 se instala como ex V.·.M.·. de la recién nacida R.·. Log.·. "Luz de Oriente Nº 74.       Fundado este Tall.·. por diversos QQ.·.HH.·. de ascendencia árabe se propuso como una de sus tareas la de extender el conocimiento y el respeto por la cultura e historia de sus antepasados.
      Benedicto Chuaqui participará en cuanta iniciativa profana aborden sus QQ.·.HH.·. Tanto en las materias educacionales, de beneficencia, de propagación, en suma de nuestros dignificadores ideales.
      Fue miembro honorario de su Taller y miembro de la Gran Logia de Chile.
      Curiosamente, su transito al Or.·. Et.·. se produjo al cumplir, exactamente, 51 años de masón: murió el 8 de noviembre de 1970, a la edad civil de 75 años.
      Nos quedan de él sus obras y sus memorias de hombre de bien.       Suba hasta la patria de las almas, este emocionado recuerdo de sus QQ.·.HH.·.

-Conclusiones.- .


      Muchas podrían ser las conclusiones.
      Algunas de carácter sociológico e histórico que nos recuerde hasta que punto nuestro país es una nación de inmigrantes. Aquí han llegado españoles y alemanes, yugoeslavos y sirios, franceses y judíos, hombres y mujeres movidos por la común esperanza de construir un mundo mejor. Religiones y razas, inveteradas ociosidades y desenfrenadas pasiones, se funden y calman en el lento pero firme proceso de integración bajo una nueva bandera que habla de tolerancia y de paz, de dignidad y de progreso.
      Nadie sobra en Chile. Esta patria se ha hecho y se seguirá construyendo con el aporte del chino y del gringo, del turco y del bachicha. También con el de Catrileo y el de Coñuepán, los únicos quizás con derecho a sentirse dueños y que tan mal tratamos cuando el prejuicio nos cubre los ojos del entendimiento.
      Cada vertiente trae su aporte valioso. Los árabes en particular, su amor a la familia, su valoración del trabajo en todas sus manifestaciones, su sentido poético y sensual de la vida capaces de atenuar los negros espectros de las tétricas visiones españolas del pecado y del horror a la carne.
      Hombres como Benedicto Yamil Chuaqui, abren caminos, encienden lámparas en la noche, transmiten secretos mensajes de humanidad que llegan hasta nosotros por las circunstancias más inesperadas. Esta noche, por ejemplo esta Res.·. Log.·. que celebra su aniversario, en virtud de la generosidad de su V.·. M.·., escucha a un hermano cualquiera que deja en medio del Taller ese nombre y esa memoria como brasa de fraternidad capaz de darnos luz y calor.
      Investigar su vida ha sido como coger un puñado de viejos jazmines olvidados cuyo aroma nos reconforta y nos confirma en la tarea inacabable de nuestra propia perfección.
      A los nombres de Bendicto Chuaqui, y al de Moisés Mussa Battal - ciertamente dos turcos de muy buena clase - se irán agregando los de generaciones venideras. Es bueno que sepan de donde vienen y qué tan alto compromiso reciben desde el fondo de los tiempos.



AUTOR: Q.·.H.·. Carlos.F.A.
Ex V.·. M.·. Res.·. Log.·. "Franklin" Nº 27
Trabajo leído por su autor en la Res.·. Log.·. "Moisés Mussa Battal" Nº 154 con ocasión de la Ten.·. de celebración de su Cuarto Aniversario el año 1988.

Publicado en la "Revista Masónica" Nº 9-10 de 1989.

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NOTA : 1

      "Félix Lope de Vega Carpio (1562-1635) se refiere a Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz (1526-1588) que participó en la Batalla de Lepanto el 7 de Octubre de 1571 bajo las ordenes de Juan de Austria, en contra de la Armada del Imperio "Turco" que estaba al mando de Alí Bajá .

      " En el Imperio "Turco" gobernaba en esa época el Sultán Selim II, sus dominios incluían desde el año 1516 las tierras del Medio Oriente, incluída Siria."

      "Lope de Vega hablaba de "turco" y no de árabe dos pueblos muy distintos, que si, en su mayoría comparten una religión, el Islam y el alfabeto árabe (no el idioma) que dejaron de usar con la llegada de Kamal Ataturk en los años 20."

      "La lengua turca es de la familia de las altaicas y la árabe semítica."


Portada de la Revista en que aparece este trabajo y del libro que le sirvió de fuente.

Portada de la revista en que aparece el presente trabajo Portada del libro : Memorias de un Emigrante

ALBUM DE FOTOS

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Fotos de la ciudad de Homs, bajadas de:

http://www.souria.com

y de http://www.homsonline.com

Fotos de la plaza del reloj, diversos ángulos y épocas.

Foto antigua, se ve el reloj al fondo

Otras plazas y rotondas

Rotonda Presidente Nazir Zaitoon Rotonda Gardenia Rotonda al-Kousur Rotonda al-Nouzha Plaza Bab al-Draib

Algunos Templos Cristianos e Islámicos

Mezquita Bilal en la carretera a Damasco Mezquita al-Aziz en la calle Fairuza Mezquita al-Walid Iglesia al-Yasueeyah

Algunas calles de "Homs".

Calle Fardos en el barrio Gouta Calle Dalal Nashawati Calle al-Ashmar Calle al-Asali Calle Ahmad Shawki Calle Jarir en el barrio Mahata Calle Saeb al-Azem

Fotos de la ciudad de Homs en Siria. Esta sección esta en preparación. Esta es la plaza del reloj nuevo

Esta es la plaza del reloj nuevo Plaza del reloj nuevo, foto del año 1973 Esta es la plaza del reloj nuevo,foto reciente

Foto de . . .

Entrada sur a la ciudad de "Homs"

Hotel Safir.





     

Álbum de Homs

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